domingo, mayo 11


Caminando a la orilla del mar, dejando que el mar báltico bañe mis pies, observando a lo lejos al nórdico que mece en la orilla a una foca juguetona, me siento relajada, en paz. Después de tres semanas largas de viajes, cargar maletas, gastar dinero, tomar vino, cerveza, orgasmearme por gelatos y conocer gente encantadora, me encuentro en un rincón del mundo que lo siento muy mío. Y es algo extraño porque a final de cuentas son las tierras vikingas las que me han dado la bienvenida y me han dejado hacer y deshacer, conocerme, reinventarme. Y parecen decirme: todo está bien. Y ahora descubro que, al menos en estos momentos, si, las cosas están bien.


Tengo una lista larga de cosas por hacer mas con diligencia, me doy cuenta de que puedo acabar una por una sin gran demora. Vamos, suficiente demora fue este viaje de dos semanas por tierras que me eran conocidas hace unos años. Y regreso enamorada de los palacios Austriacos, del balsámico toscano, de los argentinos de ojos azules que dicen tener treinta años cuando apenas aparentan 18. De esos picnics en la colina de Miguel Angel en Florencia, donde tomando chianti, queso gorgonzola y ciabatta, que aun cuando dejé medio pulmón en la subida, todo vale la pena.

Y lo disfruto.

Ando gozosa, queridos lectores. Excuso mi ausencia al ver mi maleta que viene cargada de parches, ropa sucia y algunos recuerdos. Ah, también un estado de cuenta tan pesado que me da miedo. Ja.

En fin. Lo paseado, quien me lo quita?

Al cabo que el mundo se acaba en el 2012. Ja.

Besos de esta viajante que siente zen al sentir el agua fría bañar sus pies.

sábado, abril 12

... empieza con H.


(y no, no es Historia)


Vengo llegando de echarme un café, que se convirtió en cerveza cuando mi boca sedienta se regocijó de encontrarla en el menú. Y no, no fue magia ni brujeria, mejor pedí una Carlsberg special, en lugar del Chai que me llamaba, pero bueno, la compañía fue maravillosa, eso de echar el café en tu idioma es algo mucho más cómodo, se evita uno el proceso ese de traducir, reacomodar, interpretar. Y solo hablar de viajes, de escritura, de los poetas que nos gustan. Y no sé, me siento alegre y quisiera pasar toda la noche aquí, entre los daneses que hacen ruido, gritan, toman cerveza y disfrutan de un lugar seco en la noche lluviosa del viernes.

Y yo solo platico, sonrío, y tomo esa cerveza fría que no quiero que se acabe. Y entonces veo el reloj y siento que no te quiero amarrar a mi presencia, por mucho que quisiera. Y decido caminar rumbo a la parada del autobús bajo la lluvia que no nos ha dejado desde que salimos de comer. Una promesa de un mañana se convierte en la sonrisa de mis labios al llegar al departamento, fumando un cigarro mojado. Y entonces estas ganas de escribir me invaden, a pesar de las cien distracciones que se me atraviesan. Aquí estoy, pensando cómo contarte todo esto que quiero compartir, como esa taza de café, como mi mano en tu mano. Y la lluvia afuera.

jueves, marzo 27


Confiésome...

Un tanto ociosa. Y sigo de luto, que olvidé uno de mis grandiosos moleskines en el hostal en Berlin y sigo sin escuchar nada de él. De seguro nunca más me dejará escribir pensamientos oscuros en sus páginas—y bueno, apenas nos habíamos encontrado en una librería en Grenoble cuando visité a Karla en diciembre, así que todavía no éramos tan íntimos, pero aún así, siento cierta pena perseguirme. Les cuento que la capital alemana me pareció maravillosa, si me visualizaría viviendo ahí un tiempo, a pesar de que nada más se decir del eins al seks en alemán. El clima estuvo un tanto extraño pero no importó, la historia palpitando, robándome suspiros en cada plaza, en cada esquina mientras el sol trenzaba mi cabello con granizo; también la presencia de los españoles en todo Berlin fue un tanto desconcertante pero a la vez la hizo memorable. Praga me pareció demasiado acosada por los turistas –aquí me excuso y digo que no soy ya de esa clase de viajantes, jajaja- y a la vez, no sentí que me sonriera ni que me diera la bienvenida, aun cuando mis euros valían mucho más ahí que en otro lado. Me sigo quedando con la capital alemana, sus calles marcadas por muros invisibles y sus plazas llenas de vida.

Y entonces llego a Aalborg con sus calles tapizadas de nieve, y me siento Bambi resbalándome a las afueras de mi edificio, sin realmente poder creer que a la llegada de la primavera, todo esté tan blanco por aquí. Después de eso, me descubro cubierta de esta sensación de no querer moverme, de querer sólo reposar en mi duvet, en calzones por el resto de la semana, disfrutando de mi cama. Y del blanco en mi ventana. Aun cuando Alemania fue lo máximo, y los fajes anónimos en los hostales está en el top de mi lista de mi vida a los 25. Ja. Me encantan los irlandeses, de verdad.

Bueno, los dejo que Magda está ya hablando en polaco, diciendo que me extrañó estos días y yo tengo que morderme los labios y decir: que bien!.

Besos, luego que vuelva de mi trance ocioso les dejaré otras impresiones…

viernes, marzo 14

ListBucketeando



Y creo que tengo un poco mareada a Magda cuando le empiezo a contar de mis pasados cumpleaños: El año pasado la pasé con mis amigos tomando cervezas carísimas (pero creo que las que tomé esta noche han sido más caras), luego tuvimos noche en la Juárez, y creo que en sábado tuvimos fiesta hasta altas horas de la noche. Creo que de esa noche nació la frase : una dona de glaseadas. Y el año anterior fue cuando quedé inconsciente en medio de mi sala a las 3 am después de haber tomado tequila hasta el cansancio. Bueno, fueron cuatro shots. Casi inyectados. Y terminé celebrando en el ViaVeneto ya un poco hidratada de mi cruda física pero nada comparada con la cruda moral. Y hace 3 años-- no recuerdo con claridad. Recuerdo una cena en un restaurante italiano con mis compañeros de trabajo y haber tenido pastel! Después de años y años sin haber soplado las velitas de pastel, comimos un maravilloso pastel de chocolate. Y antes de ese—a mis 21, creo que no hice gran cosa. O de verdad no recuerdo, tengo que preguntarle a mi hermano, jaja. No sé. Hoy que regresaba de haber cenado comida tailandesa y quedarme con antojo de más cervezas, aclaro que todavía no llego al cuarto de siglo. Me quedan unas 24 horas, y alegaría que más dado que nací con 8 horas de diferencia del lugar donde en estos momentos vivo, pero a la vez no importa. La sonrisa en el rostro, el escuchar el eco de mis pasos mientras camino al edificio semi abandonado donde vivo, alcanzar a distinguir a la osa mayor en el cielo y entonces me encuentro con que el vivir sola me encanta, que he superado, al menos en esta semana, mi crisis de que voy a cumplir un cuarto de siglo. Que en promedio significa un tercio de mi vida. Y me siento un tanto satisfecha, al menos para este día. Mañana haré mi maleta y hasta me sorprende la oferta de Magda de acompañarme a la estación de tren, aunque creo que se quiere asegurar de que tendrá el departamento para ella sola al menos por el fin de semana, antes de regresar a su natal Polonia. Y entonces me encuentro con esta sonrisa que denota mi emoción de ir a la Sajonia y conocer esas ciudades que he estado leyendo estos días, y fantaseando desde hace meses. De hecho fue el primer viaje que había contemplado hacer pero mis compañeros de viaje consideraban que era primordial ir a otros lugares. Y ahora hasta Praga tengo prometido conocer, y tomarme una cerveza checa que según las recomendaciones de Sergey Lukyanenko en Twighlight watch es espectacular. Y barata.

Ahora, vuelvo a mi título. Acabo de ver la película The Bucket List y creo que me arranco mis dos o tres lagrimitas. Y me hace pensar en escribir y contarles de ello. Que rico sería tener un amigo millonario que te pasee y demás, pero que feo tener cancer, no? Ja. No se puede tener todo en esta vida. O tener un jefe viejo millonario que te deje todo su dinero al fallecer e igual y hacer eso con tus amigos, de llevártelos a pasear y a tener sexo con mujeres que dicen haber subido el Everest. Pero bueno, vuelvo a mis reflexiones:

¿Será la crisis de mis veinticinco años que me viene acosando desde hace un mes?

¿Será que cuando me pongo a escribir mis propósitos para mis próximos cinco años me provoca más ansiedad que expectativa? Que por cierto, creo que nunca me había puesto a analizar mi vida en términos de lustros pero va, inconscientemente tal vez lo haya hecho; lo que es casi seguro es que si en alguna entrevista de trabajo o sentimental me preguntaran: ¿dónde te ves dentro de cinco años? Lo más seguro es que entornara los ojos y dijera: pues en un espejo!. ¿Quién me asegura que seguiré aquí en cinco años? Optimistamente diría que me veo viviendo en Manhattan, con un trabajo que me satisfaga, un perro y un amante. El orden es importante, ja, en cuestiones de mis prioridades presentes, y viajando cada tres o cuatro meses. Pero a la vez me temo que sea algo que lo he sacado de alguna película hollydwoodense y que tal vez no es una visión mía, por mucho que me atrae. Creo que estos meses en el viejo continente todavía no me terminan de desprogamar toda, aunque bueno, igual y está en proceso. Tal vez en unos meses diga que viviendo en París. Ja. En fin, por lo pronto me dedicaré a seguir el consejo de Agnieszka de disfrutar este cumpleaños como si fuera uno más pero a la vez, uno menos. Y que sigan viniendo para poder ver si en cinco años les escribo desde mi apartamento en Manhattan, con mi closet lleno de Manolo Blahniks y ropa de marca. Demonios HBO!!

Besos y abrazos de la que llega al cuarto. Y está muy contenta de ello.

sábado, febrero 23

...

Llevo toda la semana pensando en comprarme unas cuantas Francziskaner y una cajetilla de cigarros para dedicarme a ver cómo los árboles del otro lado de mi ventana se estremecen y aullan cuando el viento los envuelve, los abusa y excita. Y yo aquí, escuchando música que habla de cómo te perdí, cómo extraño tu cuerpo al despertar. ¿Dónde estás, dónde vas? Dice Zoe. Me sonrío y le doy un trago a la cerveza fresca. Hoy, armada de bufanda, sudadera, gorro y demás fui al mercado a comprar azúcar para las galletas que se me ocurrió hacer a las 2 pm. Y cervezas. Varias. Prendo un cigarro y me alegra que Magda ande explorando otras camas, y espero que el olor a tabaco quemado desaparezca para cuando regrese.
Las galletas salen un poco deformes pero son mi gran orgullo. Mr. V pregunta que si qué sigue en mi lista de cosas que jamás había hecho en mi casa (ni se me hubiera ocurrido). Y entorno los ojos, me encojo de hombros y murmuro un no sé. Creo que ya estoy algo acostumbrada al tranquilo ritmo de vida de los daneses, al menos fuera de la capital, donde no alcanzan las manifestaciones por la libertad de expresión de los daneses.
En fin. Llevo dos días en reposo, extrañando el sushi que comía en mi casa, a mis amigos y las cervezas del Pockets. También las alitas del Kentucky y las crudas que me daban después de tres margaritas.
Ay que hormonas estas que me tienen tan sentimental.
Besos, seguimos reportando desde este mes que todavía no se acaba y ya me tiene un poco fastidiada.

domingo, febrero 10




Febrero corre a un paso estable y apenas me voy dando cuenta. Es casi como la niebla que alcanzo ver a través de mi ventana: cada vez más cercana, cada vez más densa. Grandes cambios estas semanas, como el que mi sueño donde me encuentra mi nueva roomie en pelotas se hizo casi realidad, con la diferencia que tomé el consejo de mi inconsciente y empecé a dormir vestida… y el gran shock de tener que compartir un espacio que había sido tan mío estos cinco meses pasados, teniendo una invitada con la que no termino de encontrarme acomodada. Así que el ecosistema de gérmenes viviendo en mi baño ha sufrido las consecuencias cuando decido quedarme en casa a curarme la cruda entre los humos del cloro y demás desinfectantes y me siento tan contenta de ver el baño tan limpio. ¿Qué tantas generaciones de estudiantes han pasado antes que yo sin limpiar? Ese moho ya casi gritaba mamá cuando me veía meterme a la regadera.

También esta concientización de que mi necesidad de intimidad se disminuye al paso en que me siento más en sincronía con mi entorno (o me estoy volviendo una ostra humana, no importa). Y estoy tan orgullosa de todo esto.

El tiempo corre… y yo ya casi llego al cuarto de siglo. Que miedo.

Alex, este miércoles te extrañé tanto en la student, no tienes idea…

miércoles, enero 30

Últimamente...

He estado soñando que duermo en pelotas sobre mi cobertor y que alguien toca en mi puerta incesantemente. Yo hago caso omiso, esperando que el que toca la puerta se vaya, pero entonces escucho cómo introducen una llave y se abre la puerta. Y yo tan cansada que ni siquiera me puedo echar una cobija encima y mi nueva roomie me encuentra así, en mi traje de Eva, durmiendo cansada.

¿Qué significará?

Tal vez tengo que dejar de dormir en pelotas.

viernes, enero 25


A 25 de enero--


Hoy hace cinco meses que desperté en mi nuevo continente.
(pausa para prender un cigarro). Escucho el viento golpear contra mi ventana, se empiezan a sentir los días más largos en este rincón nórdico. Incluso en la madrugada del martes escuché a unos cuantos pájaros gorgorear afuera de mi ventana en el árbol todavía desnudo que me previene de andar en pelotas con las cortinas abiertas. (sacudo el cigarro que se ha consumido en mis labios). Me sonrío. Hoy cumpleaños un amigo muy querido. Y caigo en la cuenta de que este año cumpliré un cuarto de siglo andando sobre esta tierra. Y me vuelvo a sonreír. (tomo una bocanada de ese humo caliente que me enciende la circulación). Ha sido una semana diferente. Celebro que ya culminé mi primer semestre de la maestría pero esta ansiedad de qué-voy-a-hacer-luego me carcome ligeramente. (inhalo de nuevo) He descubierto también de que mi cuerpo no resiste tanto los trotes del alcohol diario en abundancia. Por eso me abrazo de mis cigarros. Esos no me hacen sentir tan jodida. Todavía.
Quiero escribir pero las ideas salen huyendo cuando las quiero aterrizar. Me frustra. La idea de pasar 10 días durmiendo hasta las dos, tres de la tarde es tan atractiva como el tomar excesivamente por estos 10 días. No creo resistir ninguna de las dos. Por lo pronto el insomnio ha retomado su curso y nos hacemos compañía cuando presumo que no tengo nada que decir.
Y no me quiero dedicar a esperar tampoco. (dejo el cigarro reposar unos momentos). Esta semana me ha tocado despedirme de amigos, compañeros cuya presencia aquí es más temporal que la mía. A algunos los voy a extrañar, a otros tal vez ni los recuerde, como creo que ellos harán conmigo. A algunos he prometido irlos a visitar, ja, (si mi Alex, tu eres el primero), y espero que cuando lleguen los aires de carnaval, hagan lo mismo.
Por lo pronto me retiro, tengo que ir a vaciar las cenizas que he ido juntando en el envoltorio de aluminio. Sólo pasaba a compartirles mis humos y mi emoción de estar aquí.
(Salud)

P.D. Alex, no te vayas!! Te voy a extrañar mucho, a pesar de que digas que soy de lo pior!

sábado, enero 12

He de confesar….

Que le he rehuido a hacer mi recuento de los daños, no sé porqué, de este 2007 terminado. Creo que por haber sido un año de esos que no crees que te haya pasado y por eso mismo rehuyo el delimitarlo a una cuantas (o muchas) líneas. Y es que me encuentro, querido lector, sentada en mi departamento en Dinamarca, y creo que aun cuando lo leo y lo releo sigo sin creerlo. Fue un año que simplemente me maravilla haber vivido (como mis otros veintitantos). Y seguirlo viviendo. Haber viajado como lo hice, haber renunciado a mi cómodo estilo de vida para venir a enfrentar algo nuevo. Renunciar a mi primer trabajo y dejar todo, a mi familia, a mis amigos, a mis recuerdos del otro lado del océano. Y empezar a construir nuevos. Tengo frente a mi la pared de postales que he ido armando desde que llegué. Fotografías, etiquetas, pases del bus, postales y hasta un sombrero charro me recuerda de donde vengo, donde he estado, y espero que también presuma, hasta cierto punto, hacia donde voy. Este año se casaron unos cuantos de mis platónicos, este año descubrí lo que es una sincera despedida. Este año aprendí lo que duele llegar a un lugar que tanto has anhelado y estando ahí, no saber hacia dónde tomar. Este año descubrí que no te venden gatorades en todo el mundo y que tienes que encontrar formas alternativas para curarte la cruda. Este año descubrí el poder de un propósito, y concluí que todos debemos vivir un tiempo solos para conocernos, antes de poder compartir tu existencia con alguien más. Descubrí que no te mueres de soledad, ni por no saber cocinar. Que puedes comer engrudo, pero si tu lo hiciste, te sabe a victoria.
Descubrí que escribir cartas a mano es algo de la vieja escuela pero que nada le gana al sentimiento provocado por una carta tangible. Que el danés es difícil pero que una sonrisa abre mil puertas. Que el idioma español es por demás conocido. Que las noches en Paris, a pesar de no tener donde pasarlas, son mágicas.
Que he ido aprendiendo a hacer mi maleta cada vez más ligera, y a dejarme llevar. Que ciertas cosas merecen algo de estrés –amistades, planes- pero que al final, todo cae como debe ser. Y si, extraño a mi casa, a mis amigos, pero no extraño la que era yo estando allá porque anhelaba estar en otro lado. Me estoy enamorando de mi misma llegué a murmurarme una de estas noches estrelladas y me dormí con una sonrisa entre los labios.

Querido lector, enamórate de ti mismo también.

Los dejo, gozen, disfruten, aprendan algo nuevo todos los días. Yo todavía no logro hacer –eso de aprender algo nuevo todos los días- pero por ahí lo tengo apuntado entre mis propósitos de esta temporada. Ja.

Besitos!