jueves, abril 29


Santa Fé


En el puente de Santa Fé lo vi perderse. Iba con una cachucha con el emblema del Real Madrid y jalaba una maleta negra, junto con un maletín marron al hombro. De traje negro se distinguía entre la multitud. Y senti que se escapaba de mi un gran suspiro, un más allá. Uno de mis recuerdos más vibrantes de DC. Mi adorado e inspirador supervisor de programa Ignacio estuvo un día de gira por estas áridas tierras y, por azares y por ser la única de Juárez que tiene la disposición de andar de un lado para otro, me tocó pasearlo a él y al representante de gobierno del Edo.

Escuché su plática una, dos, cuatro veces. Y siempre sentí esa necesidad de levantarme y decir: Yo también fui. Revivía mis pasos, mis perdidas, las fiestas, los pies cansados, las lágrimas, los besos, los viajes. Las sonrisas y los museos. Los homeless. Mi oficina. Todo eso se venía conforme lo escuchaba hablar y especular acerca de cuánto puedes gastar en DC -que vaya, es demasiado- y renacen mis ganas de largarme de aquí. Sirvió como un viento fresco que me hace cosquillas debajo de las alas y reestabiliza mi vuelo. Estos días he sentido haber perdido la brújula y dejarme llevar, así, llanamente, tal cual. Y sus ojos soñadores me hicieron sentir esas maripositas ricas. Su carro descapotable cuando me llevaba al teatro. Mil cosas más.

Tendré que ponerme a estudiar para mis exámenes finales y dejar de alucinar para poder llevar a cabo todo eso. Todo eso. Al free world!

Aburrrr

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